Verdad y consentimiento
Mi hermana, Bea, tenía 35 años cuando le diagnosticaron cáncer de mama, y 38 años cuando murió en 1993. Dejó un esposo, dos niños pequeños e, inocentemente, un legado genético que nuestra familia continúa enfrentando hoy. Mientras estuvo viva, Bea participó en un estudio clínico dirigido por una institución de investigación prominente, cuyo objetivo fue […]